PROYECTO REPARTO DE MATERIAL 

COMUNIDADES MAYA EN YUCATÁN, MÉXICO

OTRO DE NUESTROS OBJETIVOS ES REPARTIR MATERIAL ESCOLAR A NIÑOS DE PEQUEÑAS ALDEAS RURALES DE CAMINO A NUEVOS ORFANATOS. ¿QUIERES CONOCER NUESTRA EXPERIENCIA?

La vida en comunidades maya de un sólo vistazo


¿Quieres ayudar en comunidades en México? Consejos

Las Comunidades o Ejidos son pequeñas aldeas rurales donde viven unas 20-30 familias, normalmente de origen indígena. Convivir en comunidad es una experiencia total y puedes aprender muchísimo de ellos. Eso sí, para llegar a las comunidades hay veces que no hay combis o vans y tienes que ir por cuenta propia. Estas comunidades no están próximas a carreteras principales, sino por carreteras rurales a veces muy aisladas. Si vas a ir con tu coche, te aconsejamos salir temprano en la mañana y conducir siempre de día y con precaución. Las carreteras tienen muchos baches y son arenosas. Además así podrás llegar temprano para ir a hablar a las escuelas y con los vecinos. 

Lo primero que debes hacer al llegar es preguntar por el Comisario. ¡Tranquilo/a no es un poli! El Comis es el "encargado" del pueblo. El que dirige las juntas vecinales, básicamente el presidente de la Comunidad. Él es el primero que debe saber acerca de tu llegada y tus intenciones en el pueblo. Si a él le parece bien al resto también. Siempre es bueno también que al llegar te presentes a los vecinos que se asoman a sus puertas. Explícales a qué has ido y qué vas a hacer allá.

En estas comunidades, las familias subsisten cultivando un trozo de terreno que es en realidad común, es decir que lo que uno recoge se comparte entre todos. La suma de todos los trocitos de tierra es una sola tierra que todos comparten. Así que normalmente realizan reuniones para decidir y votar cualquier cosa que se haga. Normalmente no hemos tenido problemas en ese sentido, pero sí en ciertas comunidades (sobre todo zapatistas) no puedes llegar a repartir material y ya: tienes que esperar a tener permiso de toda la comunidad.

Ten en cuenta que estas comunidades no están acostumbradas a recibir turismo ni visitas, así que es posible que a veces te sientas un poco observado/a o intimidado/a e incluso tengas que pedirles (en el caso de los niños) que por favor te dejen tu espacio. Pero ten paciencia: Entiende que ellos viven en comuna, sus casas son palapas abiertas (hechas de madera y paja, sin puertas o ventanas) y los niños andan libremente de casa en casa. A veces no entienden el sentido de privacidad porque no lo practican, y tú eres la novedad de la aldea. En nuestro caso, se metían en la autocaravana a investigar, y a veces simplemente se sentaban frente a nosotros a observar cómo comíamos, limpiábamos, charlábamos...¡todo!


¿Cómo encontramos las comunidades?

Tras nuestra experiencia en el orfanato de Chiapas, mientras subíamos a Mérida en busca de una nueva casa hogar donde trabajar, vimos por el camino cientos de aldeitas muy humildes con unas pequeñas escuelas. Se nos vino la idea a la cabeza de repartir material escolar por esas escuelas, ya que podíamos percibir que estaban muy necesitadas de recursos. Ya en Mérida Yucatán, estuvimos buscando orfanatos donde iniciar un proyecto, pero los que había estaban bastante bien subvencionados. De casualidad y a raíz de conversar con unos viajeros, conocimos a Juanita, una mexicana súper agradable y emprendedora que gestiona un proyecto llamado Socilab. Ella ayuda a comunidades a autogestionarse e iniciar proyectos de desarrollo (vino de miel, artesanías...) de manera que puedan huir del círculo vicioso de los patrones que les compran la miel y carbón a precio de risa y puedan organizarse y gestionar sus propios negocios, cuyo beneficio sea 100% para la comunidad. Ella nos ayudó muchísimo y nos trazó una ruta por diversas comunidades en las que había trabajado, incluso nos pasó nombres de gente con las que podíamos hablar cuando llegáramos y nos indicó en un mapa cómo llegar a todas ellas. Gracias a ella hemos tenido la ocasión de vivir esta experiencia.


¿Dónde están?

Las comunidades se encuentran en toda América latina. En cada estado de cada país alrededor de pueblos y ciudades se distribuyen. En el caso de México se denominan Ejidos, y por lo general, sus habitantes tienen descendencia indígena. En las que hemos estado nosotros en el centro de Yucatán, todos sus habitantes hablaban maya y tenían descendencia indígena directa, conservando aun sus costumbres, roles sociales y tradiciones. En nuestro caso, que anduvimos por Yucatán, estas comunidades que visitamos estaban entre Mérida y Valladolid, en un desvío hacia carreteras rurales que hay pasando Yaxcabá y Libre Unión. Había muchísimas más, pero por tiempo y recursos no pudimos visitarlas todas. No necesitas mucha indicación: si deseas realizar un trabajo que ayude al desarrollo de cualquier comunidad, los mismos locales están encantados de indicarte cómo llegar. Como te he dicho, en todos los países de América Latina existen miles y miles de comunidades que necesitan de ayuda urgente. A veces están tan aisladas que no les llega ningún tipo de ayuda gubernamental.


¿Cómo es la vida en las comunidades?

Los Ejidos son pequeñas comunidades indígenas de unas 20-30 familias cuyas tierras habían sido hace años despojadas por el gobierno para venderlas a grandes empresas extranjeras. 

Ahora, les están devolviendo estas tierras a cambio del trabajo de las mismas, con la excusa de una reforma agraria que nunca se lleva bien a cabo, ya que en estas pequeñas aldeas las familias que se sustentan del carbón, la costura de hipiles y del cultivo de la Milpa (maíz), los venden a precios ridículos a empresas grandes que monopolizan todo el trabajo. Un patrón que cada semana va a llevarse todo el material, resultado de horas de duro trabajo en el campo o en la costura, no les paga ni un 10% de lo que él gana luego vendiéndolo en la ciudad. Si las comunidades se rebelan e intentan montar un negocio por su cuenta, pueden llegar a ser amenazados, dañados o intimidados hasta por la misma policía (pagada por las empresas), que les impone multas absurdas e inventadas por transporte de material que ellos no pueden pagar. Esto les lleva a seguir viviendo dentro de un sistema injusto de salarios injustos, trabajos de sol a sol y escasez de oportunidades médicas y educativas. 

En muchas comunidades no existe una mísera clínica médica, y las que tienen suerte, cuentan con un médico voluntario que va a atenderles una ve al mes. No tienen farmacias, medicinas ni recursos para comprarles. Esto hace que muchos sigan llevando a la practica la medicina indígena tradicional (hierbatería, huesería, curandería...) No hablemos de los casos de niños con algún tipo de deficiencia o discapacidad. Muchas de las aldeas llevan poco con escuelas construidas, normalmente de manos de las familias. Estas escuelas rurales albergan unos 15 niños de Infantil a Primaria y  suele haber un "maestro o maestra" que atiende todas las edades de la mejor forma que pueden y sin apenas material escolar. Lo pongo entre comillas porque no son realmente maestros, sino alumnos en prácticas de diversas carreras que manda el gobierno para que hagan trabajo social. Una manera muy bonita y también barata para cubrir una enseñanza en las comunidades. Esto hace que la enseñanza no sea de calidad. Algunos se limitan solo a enseñar a leer y escribir a los niños, que no tienen ni un poco de cultura general sobre el mundo que les rodea.

Los roles sociales están muy marcados: el hombre se dedica altibajo del cultivo y recolecta del maíz y el frijol (para consumo de las familias) y la construcción de hornos de leña para el carbón (que venden al patrón) y la mujer se dedica a las labores del hogar, cuidado de hijos y costura de hipiles y hamacas, que también venden a un patrón a precios abusivos para la cantidad de horas de trabajo.

El sistema de vida es comunal, es decir, cada cual tiene su trozo de tierra para cultivar, pero en realidad todo pertenece al terreno del pueblo y se comparten los cultivos y las ganancias. Las casas son humildes, duermen en hamacas y la mayoría de las familias cuidan de gallinas, cerditos o animales que les sirvan de sustento. Por lo general, la rutina de trabajo es levantarse, el hombre ir a la Milpa u hornos y las mujeres hacer tortillas de maíz y costura. Los niños pasan el día jugando en el campo o ayudando a sus familias en los quehaceres.

Pero de contrapartida, se vive tranquilo, en paz, y compartiendo. Es lo que ha forjado el entrañable carácter de la gente de los pueblos.


¿Cómo es tu trabajo diario como voluntario?

Puedes organizar tu trabajo como quieras siempre y cuando hables antes con la gente del pueblo, en especial con el comisario. Seguro están encantados de acogerte y de que les eches un cable en cualquier cosa. Nosotros estamos centrados en la educación y principalmente, además de repartir el material escolar, estuvimos organizando teatro y cuentacuentos en las escuelas. Pero también fuimos a la Milpa, ayudamos a hacer un horno de carbón y a las mujeres a hacer tortillas. La gente en estas pequeñas comunidades es súper agradable y están deseando compartir contigo sus conocimientos, además les gusta ver que no eres un "apapachado" o "aplatanado", que eres una persona activa que quieres aprender. Realmente cualquier iniciativa que les plantees que sea beneficiosa para el desarrollo de la comunidad, la van a acoger con entusiasmo así que, ¡Se libre y creativo/a!


Nuestra huella

Nosotros estuvimos en 6 comunidades: Huechembalam, Cisteil, Tiholop, Chibilub, Peba y Palenque. Hemos realizado cuentacuentos y teatro en 12 escuelas rurales, repartido un pack completo de material escolar (tijeras, pegamento, regla, cuadernos, bolis, lápices, gomas, sacapuntas, plastilina, acuarela, tangramas, puzzles, cartelería, juegos de memoria, lápices de colores, rotuladores y crayones) a un total de 225 niños y niñas, y donado 2 ordenadores al centro indígena de Tiholop.


¿Cómo fue la convivencia con los habitantes ?

La convivencia con los habitantes de estas comunidades fue una experiencia única e inigualable. La gente de los pueblos, en especial de los ejidos, son gente humilde, sencilla, honrada y trabajadora. Están deseosos de compartir contigo sus historias, la historia de su pueblo, compartir e intercambiar charlas sobre las formas de vida que tenemos. Son gente a la que le encanta platicar (ventaja humana de no tener señal de teléfono) compartir, hacer hogueras, cantar, reír. Los niños son NIÑOS: juegan en el campo, con palos y ruedas rotas de bici, juegan a las canicas y a las carreras y a juegos de ronda. Y aman compartir historias, cuentos, leyendas de su pueblo... No hubo un día en que nos dejaran cocinar, a duras penas te dejaban compartirles un café con galletas. Si no era en casa de un vecino o de otro, siempre mandaban a los niños a buscarnos y nos invitaban a comer con ellos delicioso frijol con tortillas hechas a mano. ¡Hasta nos enseñaron algo de maya! Sin duda una de las mejores experiencias culturales y humanas que hemos vivido.


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